Para comenzar a plantear el tema, antes de dar cabida al análisis conceptual que se requiere, convendría decir lo que común y repetidamente se entiende por sociedad civil; a este respecto, quizá lo más general, común, e incluso práctico sería decir que la sociedad civil es el no Estado.
Esta descripción en torno a la sociedad civil -su concepción como el no Estado- aparece como regla general en cualquier texto o articulo que a ella se refiera, por eso se dice que es mucho más fácil hallar una definición negativa que una positiva; de acuerdo al mismo, Bobbio nos dice que cuando se hace referencia a lo no estatal, no necesariamente se aclara el concepto, pues cuando se dice que la sociedad civil se corresponde con lo no estatal hay que hacer la distinción entre lo no estatal per se, lo pre-estatal, lo anti-estatal y lo post-estatal.
Esta distinción que nos plantea Bobbio nos introduce en el tema de la contextualización del concepto, en función a poder ser capaz de observar el concepto desde distintas disciplinas y/o doctrinas, además al involucrar dimensiones como lo pre-estatal, lo anti-estatal y lo post-estatal, hace del concepto algo dinámico, por cuanto le entrega una naturaleza dinámica de cambio temporal. Sin embargo, al margen de consideraciones que puedan hacer una diferenciación contextual del concepto -sociedad civil- hay “lugares comunes” que se han estructurado frente al concepto de manera histórica y que a pesar de su permanencia en el tiempo no han sufrido variaciones o en función a ellas recién se introducen discusiones sin una conclusión clara.
En el terreno de estos “lugares comunes” podemos citar lo que ya en 1884 decía Engels, quien si bien no hablaba específicamente de la sociedad civil, la idea que nos manifiesta se asemeja a ella, pues ya en su obra “ Origen de la familia, propiedad privada y Estado” proclama el “(…) irreconciliable antagonismo entre la sociedad de gentes y el Estado (…)”[1].Ahora bien, el hecho que existan estructuras conceptuales que se mantienen dentro de un concepto dinámico hacen referencia a un concepto complejo y que se fundamenta sobre algo aún más complejo, el no Estado.
Tan complejo es que Bobbio distingue tres acepciones de sociedad civil, la primera de ellas puede observarse desde una posición iusnaturalista, acaso no tan concreta, en donde toma forma la concepción de lo pre-estatal pues Bobbio nos dice que antes del Estado hay diversas formas de asociación que los individuos forman entre sí para satisfacer sus más diversos intereses y sobre los cuales el Estado se sobrepone para regularlas, pero sin obstaculizar su desarrollo e impedir su renovación continua.
La segunda acepción que distingue Bobbio dice relación con que “(…)la sociedad civil adquiere una connotación axiológicamente positiva e indica el lugar donde se manifiestan todas las instancias de cambios de las relaciones de dominio, donde se forman los grupos que luchan por la emancipación del poder político, donde adquieren fuerzas los llamados contrapoderes(…)”[2].
La tercera y ultima acepción que identifica Bobbio se relaciona más con lo post-estatal, en donde” (…)la sociedad civil tiene al mismo tiempo un significado cronológico, como la primera acepción, y un significado axiológico, como la segunda acepción: representa el ideal de una sociedad sin Estado destinado a surgir de la disolución del poder político, donde el ideal de la extinción del Estado puede ser descrito como la absorción de la sociedad política de la sociedad civil (…)”[3]
Ya planteado el tema, explicitando algunos “lugares comunes” en torno al concepto de sociedad civil y mostrando las complejidades del mismo, creemos prudente llevar a cabo un análisis comparado en torno a lo que plantean como sociedad civil López Calera y Rubinstein. En este sentido, lo más lógico y deseable es ver que entienden ambos autores por sociedad civil, al respecto López Calera dice que “(…) la sociedad civil es la esfera, creada históricamente, de derechos individuales y asociaciones voluntarias en la que la concurrencia política pacifica de unos con otros en la persecución de sus respectivos intereses, asuntos e intenciones privadas esta garantizada por el Estado (…)”[4].
Por otra parte, Rubinstein nos deja claro lo que el entiende por tal; en una definición más consecuencial que genesiana nos dice que “(…)la sociedad civil es el resultado de una formación social (alianzas de clases y fracción de clases) que, en clave política, puede articularse en un bloque de poder tendente a crear, a través de la práctica cotidiana, una estructura apta, para satisfacer los objetivos, intuidos como tales por el bloque de poder, en el seno de la formación política (…)”[5].Ahora bien, más allá de las definiciones per se que cada autor plantea, existen elementos que ambos agregan al concepto, elementos que llamaremos condicionantes conceptuales; en ese contexto, López-Calera plantea que la sociedad civil -o mejor dicho su recuperación- es entendida como la desregulación de importantes sectores de la vida pública, en relación a esto, la recuperación y/o la exaltación de la sociedad civil vendría de los sectores sociales conservadores de manera de disminuir el “creciente poder” que adquiría el Estado en perjuicio del mercado; sin embargo la recuperación de la sociedad civil en la práctica estaría dada por acciones de sectores conservadores y progresistas, y para ejemplificar esto López-Calera nombra a las privatizaciones económicas, las privatizaciones jurídicas o “desregulaciones”, el corporatismo y los movimientos sociales. A este respecto, López-Calera pone como ejemplo de recuperación de la sociedad civil por parte de la izquierda al corporatismo, y luego cita que “(…) el corporatismo es la mejor cara del capitalismo (…)”[6], con lo cual queda de manifiesto -después de ver que las privatizaciones que enuncia como ejemplos de recuperación de la sociedad civil tienen un marcado acento en el sistema económico- que a la sociedad civil le otorga objetivos que están priorizados por el intercambio de bienes y servicios, o mejor dicho, limita un tanto la recuperación de la sociedad civil -a mi juicio- al campo meramente económico; pero en su favor hay que decir que estos son solo ejemplos de recuperación y no ponen en duda la definición concreta de sociedad civil, por cuanto la definición que el plantea esta sustentada y fundamentada en un claro principio que dice que cualquier grupo de individuos puede erigirse en asociaciones por su propio acuerdo y libre voluntad para alcanzar conjuntamente sus intereses, es decir, la fundamentación del concepto es de naturaleza valorica-ética y no económica.
Por otra parte, Rubinstein dice que la sociedad civil va tomando configuración en función a una mayor o menor participación ciudadana, además le otorga el atributo, o requisito, que la sociedad civil siempre debe propender a algo y para ello ejemplifica con la situación de Inglaterra y su propensión a formar un mercado nacional; por otra parte, ejemplifica con la Francia del siglo XVIII en cuanto a que una estructura de clases rígida, como la que allí existía, inhibe a una sociedad civil dinámica y fuerte; a la vez plantea que la base especifica de la sociedad civil es el sentido de copertenecia de sus integrantes, lo que parece verosímil a la luz de la historia de Estados Unidos, por cuanto la homogeneidad -base del sentido de copertencia- de su gente hacía que la sociedad civil se conformara de una forma fuerte y dinámica.
Llega a la conclusión de que las sociedades civiles más fuertes se dan en los “países-centros” y las más débiles se dan en los “países-periferia”, por lo que deduce que un condicionante de la sociedad civil es el espacio geopolítico, es decir, el espacio y el tiempo en un sentido contextualizado políticamente.
Al repasar sus escritos, y en mayor detalle sus definiciones, podemos identificar algunos elementos comunes. Nos atreveríamos a decir que uno de los principales elementos conceptuales que tienen en común es el atributo de la contextualización, pues Rubinstein lo hace a través de un análisis del concepto de sociedad civil en distintos lugares y en distintos momentos; mientras que López-Calera, si bien hace un análisis más pragmático y estático que el de Rubinstein, no deja de plantear que el concepto sociedad civil, intrínsecamente lleva un atributo de dinamismo. Este atributo queda claro cuando López Calera dice que la sociedad civil es una esfera creada históricamente, pues con ello da cuenta de una realidad que evoluciona.
Otro elemento en común es la naturaleza que le otorgan a la sociedad civil respecto al Estado, es decir, al “espíritu” que conforma a la sociedad civil en su concepción frente al Estado, sin perjuicio de que no tengan visiones tan comunes en la relación entre ambos. A la vez, la relación existente entre la sociedad civil y el Estado ambos autores la usan como insumo, pero no ocupan nunca esa relación actual, sino más bien hacen análisis históricos -uno más extemporáneo que el otro- , y con eso volvemos a lo anterior, ambos autores priorizan positivamente el contexto; aunque, en mi opinión, es Rubinstein quien le da más énfasis a este elemento y es quien más fundamentos entrega, e incluso le da un alcance político denominándolo “espacio geopolítico”, con el que después analizara la relación centro-periferia. Al respecto de la relación centro-periferia, Rubinstein en su recopilación “El Estado periférico latinoamericano” plantea que debe existir una concertación social, y en relación a aquello habría que preguntarse si el marco institucional diseñado para aquello trae consigo un avance y una ganancia de poder del Estado en cuanto a concentración de este o si, por el contrario, cabría entenderse como una redistribución de poder a partir de la intervención directa en ellos de fuerzas de la sociedad civil; como consecuencia y reflexión a ello se plantea que “(…) el solo hecho de que se propicie una intervención directa de fuerzas de la sociedad civil no garantiza en absoluto una limitación del poder estatal ni una redistribución del poder en la sociedad como un todo (…)”[7].
Volviendo a los elementos comunes de las definiciones, creo que ambas definiciones concretas apuntan a lo mismo: a satisfacer objetivos (necesidades) y para ello se valen de la concurrencia política -según López-Calera- o de un bloque de poder en el seno de la formación política -según Rubinstein-, por otra parte ambos hablan de articulaciones y asociaciones voluntarias en pos de un objetivo común; sin embargo, respecto a esto ultimo hay que hacer la salvedad de que López-Calera le da la connotación de asociación entre individuos, mientras que Rubinstein habla de una formación social que estaría dada por alianzas y fracciones de clases.
Otra diferencia que ambos tienen, si es que se puede hablar de diferencias, se podría decir que están dadas por las condicionantes conceptuales que tratamos anteriormente; en ese sentido, son diferencias de enfoques más que diferencias estructurales. Aún así, no es menor cierto que López Calera visualiza a los movimientos sociales y grupos de presión como una parte de la recuperación de la sociedad civil, mientras que Rubinstein ve en los mismos movimientos sociales, los grupos de presión y los partidos políticos como entes con los que la sociedad civil debe relacionarse para poder cumplir sus objetivos y satisfacer sus necesidades. Otra diferencia que incluso puede ser una ventaja explicativa es que López-Calera, junto con ir tratando el tema emite muchos juicios de valor en torno a los hechos y procesos que el mismo narra, con lo que sale a la luz, además del afán académico, un interés tendencioso en torno al análisis del concepto de sociedad civil y su recuperación; mientras que el trato del tema por parte de Rubinstein carece de aquella intención y si a eso además le agregamos que analiza el concepto en forma mucho más contextualizada y comparada que López-Calera, el resultado es una comprensión un poco más acabada, o por lo menos más holistica con Rubinstein que con López-Calera, sin decir con esto que el trato de este ultimo fuera poco claro.
Habiendo analizado las definiciones de estos dos autores más algunas ideas al respecto de otros autores nos corresponde la misión de estructurar nuestra propia definición de sociedad civil. Como ya dijimos que era más fácil formular una definición negativa que una positiva, creemos coherente partir diciendo que distamos de la visión marxista sobre sociedad civil, pues no estamos de acuerdo con decir que la sociedad civil es una subestructura y el Estado una superestructura; al contrario, surge de la dicotomía entre el interés colectivo y el interés individual, siendo ambos intereses perfectamente legítimos.
Por otra parte, creemos que un individuo puede ser perfectamente parte del Estado y a la vez parte de la sociedad civil, por tanto, no son escenarios excluyentes; sin embargo, debido a este mismo hecho o “dualidad”, sería más correcto y riguroso hablar de roles que de individuos dentro de la sociedad civil. A la vez, a la hora de aproximarse al concepto aún no queda claro si sociedad civil es un ente abstracto que lleva a cabo cambios y fenómenos sociales o un lugar físico en donde se llevan a cabo esos cambios y fenómenos, o quizá es ambos a la vez, conformando otra “dualidad” conceptual.
Nos inclinamos por esta ultima explicación. Atreviéndonos a aventurar una definición podríamos decir que la sociedad civil es la unión de fuerzas y organizaciones formales e informales con un carácter bidimensional dado por el lugar (espacio) y la acción (ente), conformadas por la asociación -garantizada por el Estado- consciente o inconsciente de roles en busca de la consecución de objetivos y satisfacción de necesidades privados y/o públicos[8], para los cuales el Estado debe dar las libertades indispensables para desarrollarlos con la sola limitante del bien común y en donde esos limites no son trazados solamente por el Estado, sino también con una participación de la misma sociedad civil; para lo cual el lugar, la acción y los roles deben estar condicionados por la contextualización dada por el tiempo cronológico, el espacio físico y el momento político y social especifico; y a la vez, las posibilidades de éxito en la consecución de los objetivos están dados por la participación, el compromiso, la voluntad, la homogeneidad, y el dinamismo de los roles participantes del mercado y de la sociedad civil.
Para terminar, volviendo al principio y siguiendo a Bobbio, podríamos afirmar que es más fácil y práctica una definición negativa que positiva, dentro de lo cual en vez de decir que la sociedad civil es el no Estado, podríamos decir que es lo que no queremos que sea el Estado, pero no por un afán negativo ni de exclusión, simplemente para poder interactuar en forma justa con el y no de “grande a chico”, ni de “chico a grande”.
[1] Engels, Friedrich, “El origen de la familia, propiedad privada y Estado”, pág. 195, Editorial Sarpe, España, 1983.
[2] Bobbio, Norberto, “Estado, Gobierno y Sociedad”, pág 42, F.C.E., México, 1999.
[3] Bobbio, Norberto, “Estado, Gobierno y Sociedad”, pág 42, F.C.E., México, 1999.
[4] López-Calera, Nicolás, “Yo, el Estado”, Ediciones Trotta, España, 1992.
[5] Rubinstein, J.C., “Sociedad civil y participación ciudadana”, Editorial P. Iglesias, España, 1994.
[6] Rubinstein, J.C., “Sociedad civil y participación ciudadana”, pág. 33, Editorial P. Iglesias, España, 1994.
[7] Dos Santos, Mario, Revista “Nueva Sociedad” Nº70, 1984
[8] No entendiendo el concepto “público” como estatal, sino como la unión de temas privados y estatales con una cuota de interés colectívo y/o privado






